febrero 3

De la Angustia a la Calma.

📚 10 minutos de lectura.

El estrés es un cambio neurológico y fisiológico que ocurre en nuestro cuerpo por emociones que se activan cuando nos encontramos en diferentes situaciones o amenazas potenciales.

Si bien nuestro cuerpo está diseñado para enviar las señales de generar adrenalina y cortisol para realizar una tarea que nos entusiasma, también puede generar ansiedad que lleva a la angustia si no lo sabemos manejar.  Cuando tenemos la dosis adecuada para movernos a la acción, se le llama estrés óptimo, mientras que cuando nos ponemos en alerta y nos quedamos ahí entramos a un estado de estrés crónico. 

La angustia que sientes o has sentido no está solo en tu cabeza, está en tu cuerpo también.

Cuando estamos frente a una situación compleja se activa la respuesta de estrés que es una cascada de actividad hormonal que inicia los cambios fisiológicos para poder utilizar los recursos de nuestro cuerpo.

Todo nuestro cuerpo y mente cambian para estar preparados frente a una aparente amenaza. Generalmente, tu respuesta de estrés se adapta al ambiente en el que te mueves y cuando el aparente peligro pasa, puedes parar, respirar y relajarte para completar el ciclo de estés y regresar tus recursos internos a su función regular. 

En la vida actual estamos llenos de situaciones cambiantes e inciertas y nos encontramos en un estado de alerta continuo en el que no somos capaces de completar el ciclo natural del estrés: de alerta a modo acción y de modo acción a la calma. 

Los cambios constantes nos generan la señal de una amenaza posible y no damos una señal a nuestro cuerpo que le permita reconocer que estamos a salvo y nos quedamos atorados en la mitad del ciclo del estrés. 

No solo no completamos el ciclo del estrés natural, sino que en nuestro estilo de vida agregamos hábitos que incrementan el estrés constante como la privación de sueño, nutrición deficiente y hasta desvelarnos navegando en redes sociales.

Todo esto provoca que estés en estado permanente de alerta generando ansiedad. 

La angustia te quita la habilidad de respirar, sentir y pensar y con frecuencia provoca que te desmorones físicamente.  Es como si algo te tirara al suelo por completo, te paraliza. Se genera un sentimiento de impotencia, de no poder cambiar la situación, no poder revertir o negociar ante un aparente riesgo.

Debido que la angustia es una consecuencia de la ansiedad constante, podemos enfocarnos en enfrentar la ansiedad. 

Te invito a ver la ansiedad en dos tipos: la falsa y la verdadera.   

La falsa ansiedad se puede prevenir porque se manifiesta a partir de aspectos de la vida moderna que no representan un peligro real.  Algunos ejemplos de esto son los cambios de humor que tienes después de consumir azúcar o tomar café, así como la interpretación que le das a un correo electrónico en que deduces una crítica a tu rendimiento de trabajo.   

Si atiendes esta falsa ansiedad, puedes atacar la angustia a través de tus hábitos. Si no has dormido bien, si tienes inflamación en tu cuerpo provocada por intolerancia a ciertos alimentos y si estás rodeado de negatividad que recibes de noticias y redes sociales, tu cuerpo percibe que el ambiente no es seguro. 

Es por eso por lo que te invito a poner atención en tus hábitos para disminuir los efectos de la “ansiedad falsa”

Puedes empezar a revisar los siguientes:   

  • El consumo excesivo de azúcar te provoca una montaña rusa de estados de ánimo, así como ansiedad por comer más.  
  • La cafeína pone a tu sistema nervioso listo para la acción, pero si consumes en exceso, te puedes quedar en ese estado permanente.  
  • El consumo de alcohol produce un adormecimiento que inhibe la conciencia de las emociones que brotan desesperadamente cuando no estás adormecido. 
  • La deficiencia de nutrientes por consumir alimentos de baja calidad o difíciles de procesar provoca que nuestro cerebro no funcione apropiadamente. 

Algunas veces, aun con ajustes a tus hábitos, puedes continuar con la sensación que no poder relajarte o sentirte optimista sobre la vida.  Esta es la “ansiedad verdadera” en la que tus emociones te hacen sentir vulnerable, tal vez por situaciones del pasado que dejaron huella. 

Hemos sido educados por la sociedad a tratar de erradicar estas emociones en vez de interpretar lo que nos están tratando de decir. 

Puedes aprender a manejar tu ansiedad.

Es posible que tu sistema nervioso sea mucho más sensible que el de otros y hasta podría ser muy valioso para tu tribu que no percibe el peligro que tú sí. Podrías darle una misión a tu sensibilidad siendo un “protector” de tus seres queridos.  Esto es darle un nuevo significado y utilizar esto como una habilidad especial. 

Aún en situaciones vulnerables puedes moverte hacia la calma.

La calma es cuando somos capaces de crear perspectiva y somos conscientes de nuestras emociones.

Todos admiramos a personas que logran conservar la calma en situaciones complejas. Puede adoptar comportamientos para cultivarla y mantenerla. 

El proceso se centra en respirar, tomar perspectiva y ser curioso. 

Puedes redirigir tu ansiedad haciendo listas de cosas y tareas por hacer (vaciar eso en papel) y encontrar la forma de permanecer presente. También, puedes mejorar tus prácticas de recuperación para tener un mejor estado de ánimo, hacer pausas constantemente como medida de prevención y en ellas respirar, otra idea es incorporar prácticas de gratitud como el llevar un diario en el que escribas miles de razones por las que estás agradecido, esto te ayuda a cambiar tu interpretación de la situación. 

El cuestionarte qué tan probables o reales son los riesgos que estás asumiendo.

Puedes practicar la creación de posibilidades futuras y positivas y, por último, nuestra recomendación es tener un coach o mentor que te ayude a adoptar nuevas perspectivas.  

Paty Iribe
Coach en Alto Rendimiento en Irradiate More 

Patricia Iribe | LinkedIn 

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alto rendimiento, high performance, liderazgo, lideres, lideres mexicanos, paty iribe


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